miércoles, 8 de julio de 2015

¡Hola en este día frííío! ¿Como para tomar un té, un café, unos matecitos ... mientras leen otro capítulo de "Carolina y las letras enamoradas"?
Pero antes, les comento algo que me pone muy contenta. Ya está editado mi nuevo libro. Calculo que lo "presentaré en sociedad" en septiembre u octubre, para que el clima no torture a los que quieran ir. En cuanto tenga fecha concreta, les aviso. ¡Estaré tan feliz de verlos!

Capítulo VII

   
       Es un hermoso mediodía de sol. Revoltosa salida de la escuela: niños y adolescentes agitando sus útiles y abrigos, que, temprano, esa mañana, les fueron indispensables, pero cinco horas y diez grados después, resultaron insoportables, padres buscando a sus hijos, tratando de no llevarse uno equivocado, y revisándolo, una vez que lo encuentran, para ver si está completo o si hay que hacer alguna "reparación" por los juegos de los recreos; jóvenes esperando a sus novias, chicos y chicas formando, espontáneamente, de a poco, distintos grupos para compartir el regreso. Finalmente, los profesores: algunos ingresan a los autos de los cónyuges o a los propios y otros comienzan a caminar con sus papeles escapando entre las carpetas en un brazo, y los libros y los portafolios en el otro, tratando de hacer equilibrio para poder buscar el dinero para el colectivo o conversar con algunos alumnos que los alcanzan.
Entre estos últimos está Carolina, a quien un alumno, caminando a su lado, le entrega una poesía que él ha escrito.                                                                                             
_Profesora, ¿recuerda la clase pasada, cuando nos habló sobre la poesía, los sentimientos y nos recomendó que tratáramos de expresarnos, libremente, en una página?
_Sí, y también me acuerdo de que les dije que era normal que al principio les costara un poco. Hay cosas que uno siente, pero son muy difíciles de traducir en palabras. Sin embargo, si vencemos el miedo y nos convencemos de que podemos hacerlo, algo saldrá. Otras personas lo hacen por medio de la pintura, o de la música. Cualquier forma de arte es buena si nos hace más creativos.
_Pero es que yo no escribo muy bien _ contesta, con cierta vergüenza, el adolescente.
_Pero . . .¿te gusta escribir?
_Sí. ¡Mucho! Si estoy triste, me desahogo; si estoy contento, guardo lo que escribo para leerlo en los malos momentos y consolarme. Otras veces, observo un desconocido en la plaza o en el colectivo y me imagino una historia.
_Entonces, tenés motivos más que suficientes para seguir haciéndolo. No te menosprecies. No todos pueden ser García Márquez, pero no es razón para dejar de hacer algo que te gusta tanto. Es más: ¿Creés que los grandes escritores no dudaron nunca de su talento? Sin embargo, siguieron adelante hasta que su gusto se fue convirtiendo en pasión, y le sumaron, a su habilidad innata, el esfuerzo y la dedicación que los fueron animando.
_Bueno . . . a mí se me ocurrió . . . _ balbucea el muchacho _ No sé . . . si usted quiere leer esto y decirme qué le parece . . . Me dio vergüenza dárselo delante de los demás chicos . . .
_¡Fantástico! Lo voy a leer con mucho gusto.
_Gracias, profesora _ contesta el chico, con los ojos iluminados _Sin apuro . . . cuando tenga tiempo . . . y si no le gusta . . . no termine de leerlo.
Ya habían llegado a la plaza, así que el alumno se despidió para subir al colectivo y Carolina estaba a punto de cruzar el parque por la vereda central para aprovechar la brisa tibia y el colorido de las flores y los árboles y así distenderse de medio día de trabajo, cuando la bocina de un auto llamó su atención. Mientras gira la cabeza, oye una voz muy familiar:
_¡Profesora! Si la llevo a su casa . . .¿Me pone un diez? _ pregunta, en tono bromista, Ricardo.
Carolina se acerca al auto y continúa la broma.
_Mm . . . no. Un diez, no, porque me va a hacer  perder de un hermoso paseo al aire libre. Pero . . . puedo invitarlo a pasar . . .
_¿Ah, sí? _ Pregunta él, fingiendo enojo _¿Hace lo mismo con todos sus alumnos?
_No. Solamente con los que me gustan.
_Acepto. Y le prometo el paseo más tarde. Tengo unas horas libres.
Carolina sube al auto, besa a Ricardo y parte hacia el departamento de ella, que está muy cerca. Cuando llegan, mientras se comentan las actividades cotidianas, Carolina trata de hacer "magia" con lo que encuentra en la heladera y Ricardo toma el plato de Kitty para llenarlo de su alimento favorito, que, a él le hace fruncir la nariz, pero a la mascota la hace maullar con impaciencia y comenzar a relamerse.
Minutos después, frente a una ensalada con variados ingredientes y unos sandwiches de contenido combinado por la imaginación  a la que obliga la improvisación, siguen conversando.
_¿Sabés? _ Dice Carolina _ Desde que me diste esos consejos sobre la poesía, estuve trabajando en eso.
_¡Ah! ¿Sí? Y . . .¿Qué tal?
_Bien. Me entusiasmaste mucho. No reflexioné demasiado . . . dejé fluir los sentimientos y los expresé rimando.
_¿Y ahora? ¿Otro concurso literario? ¿Vas a mandarlos a una editorial? ¿Qué pensás hacer?
_No pienso hacer. Ya hice.
_¡Bien! ¿Qué hiciste?
_Ninguna de las dos cosas.
_ ¿Los presentaste a una revista, entonces?
_No. Los envié a varios estudios de grabación. Y a varios cantantes, también.
_ ¿Qué? Pero . . .¿qué . . .? _ pregunta Ricardo, sorprendido, entre risas.
_Bueno: si no conseguí quien quisiera editarlos, quizá consiga alguien que quiera ….¡cantarlos!
Ricardo, riendo, la hace sentarse sobre sus rodillas:
_ ¡Ay! ¡Carolina, Carolina! Antes pensaba qué sería de mí sin vos. Ahora pienso qué sería del mundo sin vos!
                                                     

lunes, 29 de junio de 2015

Capítulo VI

¡Hola nuevamente! Ya sé que prometí no alejarme por tanto tiempo la última vez, pero fue involuntario: ¡Estuve sin Internet durante más de un mes! Y en realidad, todavía se va y viene cuando quiere, así que aprovecho ahora para continuar. Algunos tendrán que empezar a leer desde el primer capítulo porque ya se habrán olvidado... ¡ja,ja!
Capítulo VI

                                                                   
Media hora más tarde, Walter y Néstor abordan el ascensor hacia las oficinas. Néstor, aún disgustado, interroga a Walter:
_¿Qué quieres que le diga?
_¿Cómo? Tú eres el  "creativo"; no deberías preguntarme a mí.
_¡No te burles!
_No me burlo. Además, tienes tiempo. Lo envié a descansar _ y agrega, lanzándole una mirada grave _ Por bien de él, no por el tuyo. Así que, llamaremos a los músicos y se pondrán a trabajar.
_Néstor va a quejarse, pero Walter lo interrumpe:
_O . . . puedes decirle la verdad.
_¡Me mata!
_Si no lo ha hecho hasta ahora . . . Bueno, aunque hoy estaba furioso.
Bajan del ascensor y avanzan por el amplio pasillo. Nélida, que estaba distraída leyendo una revista, los mira, boquiabierta.
_¿Has visto, Nélida? _ le dice sarcásticamente Walter, mientras presiona a Néstor detrás del cuello _ Un analgésico hace maravillas.
Aún con cara de asombro, ella pregunta:
_¿Le  aviso a . . .?
_¡No! Déjalo descansar. Además, mejor que sea una sorpresa.
Walter va encaminándose  hacia su oficina y, como ve que Néstor se aproxima al escritorio de Nélida, le dice:
_No te demores _ y agrega _ ¡Ah! Nélida: no le pase al señor ninguna llamada. Tiene mucho trabajo.
Walter se retira y Néstor se dispone a seguirlo, pero la secretaria lo retiene de un brazo.
_¿Dónde estuviste? Anoche no estuviste en tu casa, ni fuiste a mi departamento. Hoy no viniste. Miguel estaba como loco,  así que llamé para prevenirte. ¿Y si atendía tu mujer?
_Imposible. Ella, cuando está deprimida, sale de compras. Además, en todo caso, llamas como secretaria de Miguel.
_Por teléfono, sólo refunfuñaste y ahora, tampoco te explicas. ¿No estaré haciendo el mismo papel de tu mujer . . . y nos engañas a las dos?
Néstor se suelta del brazo:
_Ya he tenido suficientes regaños por hoy. Lo último que necesito es una escena de celos.
Dejando a Nélida entre sorprendida y enojada, Néstor va detrás de Walter porque su instinto de supervivencia se lo indica. Entran en la oficina sobriamente decorada de Walter y se sientan, aunque por su postura puede preverse que no permanecerán así por mucho tiempo.
_Aclaremos las cosas, Néstor _ se apresura a comenzar Walter _No me interesa tu persona en lo más mínimo . . .
_Gracias por tu sinceridad _ interrumpe con ironía Néstor.
_No hay por qué. Hasta tú te la mereces. Es un regalo que prodigo a todos los que conozco, aunque no muchos saben apreciarlo. No me importa en absoluto lo que hagas con tu vida: juego, borracheras, trasnochadas . . . mientras eso no me perjudique, o, mejor dicho, no perjudique a la empresa. El estudio nos apresura para que grabemos el nuevo compacto y tú no has entregado material que valga la pena. Con facilidad conseguiríamos otros autores que hace mucho tiempo desean trabajar para Miguel. Sin embargo él, seguramente por fidelidad hacia su hermana, se muestra  paciente contigo.
_No es por eso _ interrumpe Néstor _ ¿Y los temas que llevaron a Miguel a la fama? ¿Los que se vendieron tan rápido? Eran míos.
_Cuando tú conociste a Miguel, ya era popular. Lo era por su voz y por temas clásicos. Tus temas le sirvieron para "refrescar" su imagen, pero él era toda una personalidad, así que no trates de que se te reconozca ahora el título de genio. Además, eso era antes . . . cuando pasabas más tiempo sobrio . . . y más noches en tu casa . . .
Néstor está a punto de replicar, pero Walter no se lo permite:
_Ya te dije que no me importaba, pero la cuestión es que nos están presionando y tu cuñado no quiere  despedirte. En este estado de cosas, yo sólo veo una solución: vamos al estudio y te pones a trabajar sin cesar hasta que tu mente dé algún fruto.
_¿O . . .? _  Pregunta Néstor, dudando de la conveniencia de ponerse insolente en ese momento, pero resistiéndose aún a mostrarse humilde.
_O yo me ocuparé de que Miguel te despida. Ya hace tiempo que se lo sugiero, pero él creía que te reformarías, así que se resistía . . .
_¡Ja! ¿Ves? No me despedirá nunca. No importa lo que le digas. Y no es por mi esposa: es porque él sabe que tengo talento.
_No te sientas tan seguro; hasta hace poco tiempo yo también pensaba que era imposible, pero, según lo que vi esta mañana, entre las sospechas que tiene sobre Nélida y tú y tus últimos trabajos insatisfactorios, es muy corto el paso que lo separa de tomar la decisión. Y yo estoy dispuesto a darle un pequeño impulso para que lo haga . . .
_ . . . Si yo no trabajo . . .
_Así es.
Néstor queda unos segundos pensativo, mientras Walter repiquetea los dedos sobre el escritorio, se para y mira por el ventanal, con las manos en los bolsillos, resoplando.
_Está bien _ dice Néstor, finalmente, poniéndose de pie _ Vamos.
Una hora más tarde, Nélida se encuentra sumergida en uno de los trabajos que le resultan más arduos: leer las cartas de las admiradoras de Miguel, que llegan a montones todos los días. Luego, decide cuáles responder y cuáles no, y, en algunos casos, envía una foto autografiada. Todo esto sin apartar a su jefe de sus múltiples ocupaciones. 
Tiene entre sus manos una que le ha parecido diferente: el vocabulario no es el que usan sus admiradoras: no le dice que lo adora ni parece desesperada por recibir una muestra de su afecto. Pondera en forma moderada la actuación del cantante (que, en realidad, parece no conocer en profundidad) y adjunta unas páginas con poesías.
Ensimismada está en eso, cuando aparece Miguel, que apenas la saluda.
_¡Miguel! ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No te envió Walter a descansar? _ pregunta, sobresaltada, al tiempo que dobla la carta entre sus manos.
_Lo intenté. Almorcé y traté de dormitar algo, pero decidí volver. ¿Novedades?
_Sí. Y muy buenas _ se apresura a responder Nélida _Néstor está trabajando en el estudio desde hace casi una hora.
Miguel, abandonando su gesto de preocupación, pasa a la sorpresa y le queda tiempo para la sorna:
_¿Y no ha pedido nada para beber?
Nélida no se atreve a cuestionar la ironía y sólo responde:
_Walter no se lo ha permitido: sólo agua y café.
_¡Esto tengo que verlo! _ dice Miguel, mientras se aleja hacia el estudio.
 Nélida retoma su lectura, voltea el sobre y lee el remitente: Carolina Duprat. La carta ha llegado desde Argentina.        

viernes, 8 de mayo de 2015


¡Casi un mes sin compartir lo que más me gusta hacer en la vida! Pasaron muchas cosas: ordinarias, cotidianas ... bueno ... la vida. Pero aún en este remolino, en las bajadas y la subidas, no quiero dejar olvidada la vocación (aunque mi talento sea humilde) que me hace latir el corazoncito. Ahí va el nuevo capítulo, y espero no alejarme por tanto tiempo nuevamente.

Capítulo V


 Lujoso apartamento, aunque un poco recargado de moblaje. Suena a rabiar el timbre
de entrada.
Aparece una empleada  a abrir la puerta, apresurada, tomándose la cabeza.
_¡Señor Walter! Buenos días. ¿Cómo está?
_Casi "buenas tardes" _contesta él, mirando el reloj.
La mucama va a ofrecerle algo, pero antes de que ella se mueva, él se niega, tratando de no ser brusco, pero está visiblemente molesto.
_No se preocupe, Lidia. ¿El señor?
_Creo que está duchándose . . . La señora salió hace un momento.
_¿Duchándose? ¡Ja! Estoy seguro de que duerme _vuelve  a mirar el reloj _Claro, si para él aún no amanece . . .
_Le voy a avisar.
_No, no se moleste. No me prive de ese placer.
_Pero . . . señor . . . _ dice la mujer, apurando el paso detrás de él.
Walter atraviesa el pasillo que conduce a los dormitorios y contesta irónicamente:
-Quédese tranquila: Yo le alcanzaré las toallas . . . personalmente _y, en la puerta de la habitación agrega, entre dientes _y si encuentro una suficientemente larga, lo ahorcaré con ella. 
Al entrar al dormitorio, como Walter sospechaba, Néstor está plácidamente dormido.
_En la ducha . . . ¡de los sueños!
Furioso, Walter se dirige hacia la persiana y la levanta. El sol le da a Néstor en la cara y él empieza a moverse. Walter vuelve hacia la cama y, sin abandonar su sarcasmo, se acerca al rostro de Néstor, simulando voz femenina:
_¡Buenos días, queridito! ¿Ya te despertaste?
Néstor, que está aún entredormido, le contesta:
_Mmm . . . sí _ y como no ha abierto los ojos, casi esboza una sonrisa.
Walter, que ya no soporta más, lo toma del cuello y, obligándolo a levantar la cabeza, comienza a sacudirlo y grita.
_Me alegro, pues no querría estrangularte dormido.
Néstor abre inmensamente los ojos, y grita, tosiendo, entrecortado por la presión de las manos de su atacante.
_¡Walter! ¿Qué haces aquí? ¿Estás loco?
_Sí. Loco. Y soy un loco asesino.
_¡Basta, basta! ¡Me lastimas de veras!
Walter lo suelta violentamente arrojando la cabeza de Néstor contra la cabecera del lecho.
_No te creas que no lo he pensado. Mi vida transcurre en paz: no tengo esposa, ni ex esposas a quienes rendirles cuentas; no tengo hijos para arreglarles sus líos, no tengo suegra, no me preocupo por la renta pues tengo casa propia, no tengo problemas de dinero . . . Pero . . . ¡ahí estás tú, que vales por todos esos problemas juntos! Eres la única cosa en mi vida que me saca de quicio. ¿Es que la única meta de tu existencia es hacer imposible la de lo demás?
Néstor, ya recuperado, le responde, cínicamente:
_¿Qué? ¿No soy encantador' ¿Acaso no tengo una esposa que me adora y un cuñado que pide mis servicios?

_¡Ah! ¡Sí! ¡Tu enamoradísima esposa . . . que finge no saber que la engañas, y se consuela saliendo de compras y bebiendo de más.Y tu cuñado, que te empleó para que su hermana dejara de llorar y no fuera tan evidente que te mantenía . . .
Walter echa una mirada a la habitación mientras Néstor balbucea:
_Pero si  yo . . .
_No quieras engañarme como a ella, que lo sabe todo el mundo. Hasta Miguel, pero no abre la boca para no lastimar a su hermana. Pero no te aproveches, que un día hará caso a lo que yo le digo y se terminará tu suerte.
_No, si es lo que yo pensaba: vienes a darme el sermón de siempre.
_¡No! ¡Estás equivocado! Esta vez no es el sermón de siempre. Esta vez vengo a buscarte para llevarte arrastrando si es necesario.
_¿Ah, sí? _ Contesta Néstor, irónicamente. Pero su gesto cambia repentinamente cuando Walter comienza a arrastrarlo, con colchón y todo, desde el extremo de la cama.
_¡Sí, sí, sí! ¡Te creo! _  Grita, arrepentido. Walter deja de jalar.
_Está bien. T e doy diez minutos para una ducha y te espero en la sala con un café bien cargado.
Walter cierra la puerta del dormitorio y llama a Lidia, mientras Néstor, de mal humor, se levanta parsimoniosamente.

lunes, 9 de marzo de 2015

¡Hola, amigos! Les di diez días de descanso, así que ... aquí está el cuarto capítulo. ¿Les va interesando la historia? Espero que sí.
Capítulo IV
                  
Aunque la secretaria no le hubiera advertido, con los gestos y la postura de Miguel le habría bastado a Walter, su representante, para deducir la situación. Sin embargo, conocedor de la psicología humana (en especial la de este cantante al que trata desde que era un niño promisoriamente triunfador), trata de no contagiarse y, menos aun, de exasperarlo más.
_Bueno, bueno . . . vamos . . . Hagamos un trato: tú me cuentas el problema; si tiene solución, yo te ayudo a verla, y, si no . . . pues . . .salimos a tomar el aire hasta que te calmes.
Miguel, con las manos en los bolsillos, no sabe si seguir furioso, o adoptar una pose humorística.
_La verdad es que no sé, pues. En los años en que te conozco, no comprendo cómo puedes conservar siempre esa tranquilidad aunque las cosas se desmoronen.
_Quizá porque soy soltero.
Walter suelta una carcajada, se sienta, y hace que Miguel también tome asiento.
_Escucha un minuto: primero; no es tranquilidad lo mío. Es . . . filosofía de vida. De no ser así, a mi edad, ya estaría enfermo del corazón o . . . loco de atar. Desde que empezamos a luchar por tu carrera, hemos enfrentado crisis graves y . . . ¡Mira dónde llegaste! Y a mí aún no se me ha caído el cabello.
 Walter se pasa la mano por el cabello para darle una nota colorida a lo que dice, y continúa:
_¿Crees que si fuera nervioso, no hubiera pescado, al menos una úlcera? Cuídate, que camino a eso, vas tú.
Miguel lo interrumpe:
_¿Sermones?
_¡Claro que no! Te conozco lo suficiente como para saber que no los escuchas. Sólo trato de calmarte. Y déjame continuar.
_¡Ah! ¡Cierto! Dijiste "primero". ¿Hay . . . décimo?
_No. Sólo segundo: ¿Qué es lo que puede estarse desmoronando? Vendes millones de compactos, llenas los recitales, las mujeres te adoran en todos los países . . . ¡Ah! ¡Sí! Ya me imagino: Esta mañana te sirvieron el café frío.
Miguel se levanta, bruscamente, agitando los brazos.
_Por lo visto, sigues pensando que soy el niño caprichoso que llevabas a los concursos hace veinte años.
Walter sonríe y lo mira, como preguntando: "¿No lo eres aún?"
_¿Así que no reconoces que he mejorado?
Miguel sigue sonriendo, y Miguel, tratando de calmarse, le replica:
_¿Ni un poco?
_Pues . . . Sí. No debo ser injusto. Antes hacías berrinches porque no te servían el desayuno, y ahora sólo te enfureces si el carro que deseas no está en el color que te agrada. Es un cambio, sí.
_No hay forma de que te tomes las cosas en serio.
Walter apunta con el dedo índice y abre la boca, pero Miguel lo interrumpe, antes de que emita un sonido.
_Sí. Ya sé: la úlcera.
_Por fin entendiste. Y ahora, vamos al punto.
_¿Y quién puede ser? ¡Néstor, por supuesto! ¡No ha llegado todavía!
Walter finge no saber lo sucedido  y presta atención:
_¿Eso era? Pues, ¿cuál es el problema? Los músicos siempre están dispuestos. Toma las partituras y comencemos el ensayo.
_¡Ja! ¡No! Si es como dije: sigues creyendo que soy un niño caprichoso. ¿Qué piensas tú? ¿Qué si tuviera el material yo aquí estaría haciendo tanto escándalo?
La expresión de Walter, que hasta entonces había sido tan jocosa, cambia abruptamente:
_¿Quieres decir que no . . .?
_¡No! ¡No trajo nada! Bueno, igual que nada. Tú no estabas ese día; habías viajado para arreglar los contratos. Trajo un solo tema. Intentamos arreglarlo y fue horroroso. ¡Ah! Y no es la opinión de este "niño malcriado". Hasta los músicos estaban extrañados.
_¿Y no se te ocurrió probar con otro tema?
_¿Qué otro tema? ¡Era el único que se había dignado terminar!
_¡No!
_¡Sí! Y es más. Te voy a confiar mis peores sospechas. ¿Estás firme en tu silla?
_¿Qué puede ser tan grave?
_Que no debe de haber compuesto ningún otro.
_Imposible.
_¿Imposible? ¿Y por qué no aparece hoy?
_¿Pero no sabe que el plazo se vence . . .?
_Sí, lo sabe. Y más lo sé yo, que acabo de recibir una llamada de la distribuidora recordándomelo.
_Ahora entiendo: no hay letras, no hay música, no se puede ensayar, y mucho menos grabar. Ni hablar de la gira para la promoción.
_No era furia de súper estrella la mía, ¿no?
Minutos después, Walter sale, palmeándole la espalda a Miguel, y, aparentando calma, dice:
_Vete a tu casa a descansar, que aquí sólo verás el problema agigantarse. Aquí quedamos Nélida y yo para avisarte de cualquier novedad _volviéndose a ella _¿No es así?
_Sí, sí _contesta ella, sobresaltada.
Walter acompaña a Ricardo hasta el ascensor. Cuando regresa, encara el escritorio de Nélida. No parece ya el solterón tranquilo de segundos anteriores.
_¿Y? ¿Llamaste?
_Sí.
_¿ Por qué no lo dijiste, para tranquilizar a Miguel?
-¿Y por qué crees tú que tenía yo esta cara de terror cuando me interrogaste delante de él?
_¿Quizás porque atendió el teléfono su esposa y discutieron?
_¡No! Basta con esas indirectas. Eso es problema mío.
_Problema tuyo hasta que Miguel se entere de lo que le están haciendo a su hermana ustedes dos. Pero, basta: a lo importante.
_Me atendió él, por suerte. Furioso porque lo desperté; le dolía la cabeza y no pensaba ni pasearse por aquí.
Walter suspira profundamente, apoya los puños cerrados en el escritorio cargando el peso de su cuerpo en ellos. Baja la cabeza y murmura:
_Éste es el único hombre que conseguirá colmar mi paciencia.
Nélida lo observa, como desconociéndolo, y  oye sus últimas palabras, al retirarse:
_Miguel tiene que soportarlo porque es su cuñado. Tú lo excusas porque crees en sus falsas promesas y en su sonrisa. Yo no tengo esos compromisos.  

viernes, 27 de febrero de 2015

¡Hola, amigos! No crean que los tenía olvidados.Aquí va el tercer capítulo de "Carolina y las letras enamoradas". ¿Ya se engancharon con el argumento? Espero que sí. Y si no, les pido que tengan paciencia (y no se duerman ¡ja, ja) porque de a poquito se va poniendo se va poniendo más interesante.

Capítulo III
                                                                                                         
Días después, a muchos kilómetros de distancia, en la ciudad de México, el calor de  media mañana empieza a sentirse. Altísimo  edificio. Décimo piso. Un hombre joven, alto y corpulento está en su oficina y camina alrededor de su escritorio con expresión de enojo. Se pasa la mano entre su corto cabello y fija los ojos color miel en el teléfono.
Finalmente, aprieta un botón y pregunta.
_¿Nélida?
_¿Sí? _  le contestan.
_¿Néstor no llegó todavía?
_No, Miguel.
_¿No llamó, tampoco?
_No, aún no. Si así fuera, te hubiera avisado.
_Tienes razón. Gracias.
Inmediatamente, dos golpecitos en la puerta, y Nélida pasa. Observa la cara de furia de Miguel, que ya se ha sentado a su escritorio.
_No te preocupes, Miguel. Algún inconveniente habrá tenido. Tú sabes cómo es.
-Sí. ¡Ya sé cómo es! Y eso es lo que me preocupa y está por hacerme explotar.
-Es que las personas creativas suelen ser muy inestables.
_¿Inestable? Llegar siempre tarde y con dolor de cabeza por la borrachera de la noche anterior es ser . . . ¿inestable? Así le dices tú porque siempre estás justificándolo. Y lo de creativo . . . Precisamente por eso es urgente que hable con él hoy. No hemos podido comenzar a trabajar en los nuevos temas porque él no ha presentado ni una idea que valga la pena.
_Ténle un poco de paciencia, Miguel.
_¿Paciencia? Es que ya no me queda. Lo peor es que él lo sabe, y quizás a estas alturas todo el mundo se ha dado cuenta de que le tengo tantas consideraciones porque es el marido de mi hermana.
Nélida pone cara de disgusto y él agrega, con tono irónico:
_Mal que te pese. O, mejor dicho, mal que nos pese a los dos.
_Pero si yo no dije . . .
_No. Ni hace falta. Pero eso es otro asunto y yo estoy bastante enfurecido con su retraso y con los plazos de la disquera, como para ocuparme de sus otros "defectos".
_Mejor me voy.
_Sí, mejor, que al menos hoy no es contigo la cosa y no quiero desquitarme con otros lo que le debo a él.
Nélida, con gesto de enfado, vuelve a la recepción, que es su lugar de trabajo y cuando está a punto de sentarse, un hombre alto, entrecano, y cuarentón, la saluda fugazmente y se dispone a entrar a la oficina de Miguel.
_¡Cuidado! _le advierte ella _que puede aventarte cosas a la cara.
_¿Qué? . . . Pues . . . ¿Por qué?
_Es que Néstor no se ha presentado todavía.
_¿Otra vez? No te preocupes. Trataré de calmarlo. Mientras tanto, ¿por qué no telefoneas a Néstor a su casa?
_Iba a hacerlo, pero . . . bueno . . . es que su esposa me tiene cierto recelo.
_Es natural. Por la forma de ser de él, ella debe de odiar a todas las mujeres, siquiera por las dudas. Vamos: soporta todo lo que ella te diga y arráncalo de la cama, donde seguramente debe de estar.
_Pero, Walter . . .


_Es eso, o seguimos soportándolo así _dice el hombre, terminante, a la vez que señala la puerta de la oficina de Miguel.
Al tiempo que golpea la puerta dos veces y se oye un "¿Sí?, desde dentro, Nélida toma el teléfono y Walter entra.
















domingo, 15 de febrero de 2015

¿Lindo domingo, verdad? Algunos reponiéndose del festejo de San Valentín de ayer, otros lo habrán celebrado hoy ... Aún aquellos que no tienen pareja ahora, puede ser que, si Dios se la llevó, hayan paseado con su  corazón por bellos recuerdos. Están los que llevan aaaaaños con el mismo amor  (mis papás llevan 60 de casados) y , a pesar de las idas y venidas de la vida, se elijirían otra vez. Y, por supuesto (y no lo digo a manera de consuelo, sino porque lo creo firmemente y sobran los ejemplos), los que no transitan una relación de pareja, pero sirven en un comedor infantil, están siempre para sus amigos, cuidan a sus padres, o a sus hijos, o a sus sobrinos ... o ponen pasión en todo lo que hacen. Sólo el amor da esa fuerza arrolladora.
A todos ellos, una poesía que escribí hace mucho tiempo y está publicada en mi libro "Entretejidos". Nuevo agradecimiento a los que me siguen.

   Sobre el amor . . .

Se han hecho tratados miles,
y escrito ¡tantas poesías!,
aforismos, dichos, lemas
y compuesto melodías.
Lo ha estudiado la ciencia
y hasta la filosofía.

A veces roban su nombre
 para la pornografía
o quieren vender recetas
para conservar su guía.
Miden, cuentan, ponen precio,
 cual si fuera mercancía.

Unos dicen que por él
cometieron tonterías
e hicieron locas promesas
que, estando cuerdos, no harían.
Dos por tres le endilgan culpas
de sus propias fechorías
y se ha visto . . .¡cada cosa!
por su dulce brujería.

Ora quieren escaparle,
 o lo buscan a porfía.
Ya lo erigen como dios,
o llaman “cursilería”.

Mas . . . ¿qué sabemos de él?
¿Quién definirlo podría?
¿Un genio del pensamiento?
¿Un as de la biología?
¿La computación, las lenguas,?
¿Qué sabio se atrevería?

El origen y las causas,
 sus vuelos y sus caídas . . .
¿Hay razón que dé razones
 a su mágica alegría,
a su suave, ignota, rara
 y aceptada tiranía?

Pues si acaso alguna mente
 con su gran sabiduría
a dilucidar llegara
sus más secretas manías
presas bajo un microscopio,
 por favor: ¡No me lo diga!
No lo divulguen los libros,
 que saberlo no querría.
 ¿Para qué quiero argumentos
  que surjan de ciencias frías?
¿Para qué sesudas tesis
 que muy poco entendería?

Cuando navego en tus ojos
 y me miro en tus pupilas,
cuando pienso en ti y recuerdo
 todo lo que ti me inspiras,
tengo lo que no han logrado
todas las ciencias unidas,
los tubos y preparados,
 las más geniales premisas:
Tengo la prueba insondable
 del amor y de la vida.




jueves, 12 de febrero de 2015

Muchas gracias a los que me siguen y dejan sus comentarios, ya sea en el blog, o me lo comentan personalmente.
Hoy, un poco movida por las cosas que están pasando en nuestro país ( ya sabemos que hay un caso puntual y no quiero mostrarme partidista, porque espero tener todo tipo de lectores), pero, también, por el mundo, transcribo una poesía y va el segundo capítulo de la novela.
¡Hasta pronto, si Dios quiere!

Rebeldía del honesto


No quiero que me compren
ni quiero que me vendan.
No quiero ser espalda:
Yo quiero ser cabeza.

Detesto que el desprecio
del mal sobre las gentes
se vista de cordero
y pasee libremente.

Rechazo que en el nombre
de falsas libertades
corrompan, mientan, dañen
con toda impunidad.

Que al limpio digan necio
y al necio lo disculpen,
que al tosco no le enseñen
 y al sabio no lo escuchen.

Antiguo al de principios
y pacato al decente;
al impúdico, osado,
y estúpido al valiente.

Que el mal sea relativo
y el bien sea impotente;
                                               que al justo digan cruel
y raro, al diferente.

Porque nunca podrán
aquellos que no tienen
la verdad en los labios
y ante todo, en la mente,

El bien de los demás
como meta presente,
sino su propio servicio
como único aliciente

hundirme ni quebrarme,
mentirme ni vencerme,
callarme, adormecerme
 o leyes imponerme.

No voy  ser el pasto
de oscuros intereses.
¡Aún habla mi conciencia
Y mi corazón siente!



Carolina y las letras enamoradas
      Capítulo II


Lunes al mediodía. El sol ilumina de lleno el pequeño departamento y Kitty se despereza. Se abre la puerta y la gata se despereza, estirándose y caminando alternativamente para alcanzar a su dueña. Desde luego, con esa parsimonia y esa pizca de egoísmo del felino, tan distintas de la extroversión del can, que ladra, mueve la cola y salta cuando su amo ausente regresa, con la misma efusividad, tanto después de días, como de horas.
Carolina entra con su portafolios y las cosas del supermercado haciendo malabares para cerrar la puerta, colgar la llave, dejar la cartera en el sofá y colocar las bolsas en sobre la mesada. Acaricia a Kitty  que se subió a  la mesada a hociquear, arroja los zapatos  y comienza a guardar las cosas en la heladera. Cuando esta sosteniendo una torre de yogur, queso crema y mermelada, entre los brazos y el mentón, suena el teléfono. Quiere meter todo junto en la heladera, flexionando las rodillas, pero no puede, así que, regresa a la mesada, donde todo rueda y la tapa del queso crema escapa.
Corre a atender el teléfono, murmurando extrañamente: "Analía no... Analía no, por favor... ":
_ ¿ Hola?... ¡Ah!... ¡Qué alivio!... ¡Ricardo!... Es que creí que era Analía, y vos sabés cómo es: cada vez que llama me tiene media hora al teléfono y tengo todo que es un desastre. Recién llegó de la escuela y . . .  _ No, no, corazón, no te preocupes, pasé por el supermercado. Vení a comer tranquilo. Pero . . . ¿No estas muerto de sueño? ¿A qué hora  terminaste la guardia en el hospital? ¿Por qué no dormís hasta la tarde? . . . Bueno, está bien; pero esta noche te acostás temprano y descansás . . . ¿Prometido? Bueno, te espero. Me debés el día de ayer. ¿O tengo que ser tu paciente y pedir turno para verte? Sí, ya sé que lo hablamos, perdonáme . . . ¡Kitty!                                                                      
La gata, asustada, baja de la mesada, relamiéndose, y se oculta detrás del sofá, como cada vez que sabe que hizo un lío. 
_ No, no te preocupes . . . Te espero.
Carolina cuelga el auricular y va hacia la mesada: del queso crema, sólo queda el envase, aparte de los restos en las puertas del mueble y los bigotes de Kitty.
Una hora después llega Ricardo. La mesa está puesta. Él no  la deja servir. La alza, la sienta en una silla y trae la  fuente. Mientras sirve, le pregunta a Carolina:
_¿Qué tal ayer? ¿Descansaste? _ y, antes de dejarla responder, continúa, con tono de cariñosa reprensión _ ¡Ah! ¡No! ¡Es cierto! Te habrás pasado el día corrigiendo y hoy, lunes, empezaste otra vez Se te nota la cara de cansancio. .
_No te preocupes. No estoy tan cansada. Y vos: ¿Una guardia pesada?
_Mmm . . . no. Bastante bien. Tanto, que tuve tiempo de maquinar una idea.
Carolina lo mira, sorprendida, y toma el plato que él le alcanza. Ricardo va hacia  la biblioteca y busca entre los anaqueles, pensativo.
_¿Qué hacés?
_¿Te acordás de lo que hablamos el sábado? Sobre la poesía y la gente que quiere acercarse pero no se atreve. Como yo, bah, que lo que más leyeron fue Corín Tellado.
_¡Ah! ¡Sí! . . . La cuestión del diccionario.
_Exactamente. _ Contesta él, mientras sigue investigando los volúmenes. _ Bien: ayer, hojeando el diario, tomé el suplemento literario y leí dos poesías.
_¿Y?
_Palabras, filosofía . . . Mucha erudición, pero, acá . . . _ Se señala el corazón _nada. 
_Es decir que no la entendiste. Y, bueno, es que, normalmente, son para gente especializada.
_¡Ahí está!
_"¡Ahí está!" . . . ¿Qué?
_¿Por qué escriben para ellos? ¿Por qué les importan solamente los otros escritores? ¿Y nosotros? ¿Los médicos, los ingenieros, los mecánicos?
_Bueno . . . Tienen a Baldomero Fernández Moreno,  a Roxlo, . . .
_ ¡Neruda! ¡Al fin! _  exclama Ricardo, mientras extrae un libro un libro de uno de los estantes _ Dejáme  buscar . . . ¡Acá! _ lee_"Puedo escribir los versos más tristes esta noche . . . "
Carolina ríe y dice:
_El poema veinte.
_ Y decíme:  ¿Quién no lo leyó? . . . A todo el mundo le gusta.
_Sí.
_¿Ysabés por qué? _deja el libro sobre la mesa y  vuelve a sentarse - Porque lo entienden, porque lo sienten . . .
_¿Identificados?
_¡Eso! El que lo lee piensa en la noche, la soledad, y un amor que ya no está . . .
Carolina no ha tomado esto muy en serio, así que, mientras come, le pregunta con mirada maliciosa               _¿Vos también?
_Bueno, sí _la interrumpe _Pero me refiero a que no soy un intelectual.
_O sea . . . a ver si entiendo . . . vos me querés decir que no hay nada para la gente a la que le gusta leer, pero no son filósofos, ni escritores, ni lingüistas Yo no podría abrir a una persona _simula usar el cuchillo como bisturí _sacarle algo y acomodar todo _sigue haciendo gestos _
y cerrar. Eso requiere de muchísima eficiencia, resistencia a la tensión ...
_¡Eso!
_Pero . . . ¿Qué tiene que ver con . . .?
_Dejáme explicarte: ¿No canta Serrat los versos de Hernández y de Machado y a la gente le fascina?
_Sí. Y también están Benedetti y Violeta Parra . . .
_Y, ¿qué pasó con el simple "Voy a apagar la luz para pensar en ti", de Manzanero? El público lo adoró y, años después, resurgió el bolero. ¿Por qué? Porque uno se imagina la situación. En cambio, con todas esas palabras del poema que leí ayer, yo no imaginé nada.
Carolina lo mira, pensativa.
_¿Vas entendiendo la idea?
Ella, que parece volver de una breve ausencia, recuerda:
_En una biografía que leí de Alfonsina Storni, decía que ella, en una época, recitaba sus poesías para unas lavanderas, en un sindicato, y lo disfrutaba mucho, porque a pesar de sus diferencias culturales, ellas la escuchaban, fascinadas. Ella decía que era algo de su esencia femenina que las ponía en contacto.   
_¿Ves?
_¿Y qué querés decir? ¿Que en mi trabajo yo  . . .?
_Esto quiero decir.
Ricardo la toma de la mano para que se levante y van desde la mesa del comedor  al escritorio, donde le señala la máquina.
_Dejá de escribir lo que quieren los editores y los jueces de los concursos. Nunca vas a conformarlos  porque no saben lo que quieren. Y lo que es peor, así no sos fiel a vos misma. Escribí lo que vos sentís, que es lo que quieren los lectores. Y, además, todo lo que brota de esa alma hermosa que yo conozco, es hermoso.. Es mucho mejor que lo que leí ayer.
_Es decir que vos querés . . .
_¡No! Nada de: "los diarios quieren que . . . ", ni: "los escritores acostumbran a . . . " ¡No! ¡Qué es lo que Carolina es capaz de dar? ¿Qué es lo que Carolina expresa, que me hace sentir tan bien?
Ella piensa y observa la máquina de escribir.
_No dejes que ella te pida nada. Vos mandás. No esperes que los demás te dicten. Dictále vos.
Mientras le dice esto, le toma las manos, las pone sobre su pecho y las besa con lentitud, mirando cada dedo.